Descripción
Fragmento del Libro:
LA ORUGA, EL EBBÓ Y LOS MUCHACHOS
A la oruga la estaban velando y no podía ir donde tenía un gallo para hacer ebbó porque le tenían amarrado en el patio y, si salía, lo veían sus enemigos, y esto era fatal. Entonces se puso a pensar en cómo resolver su situación. Cansado de pensar sin hallar una solución, se puso triste. Pero los muchachos, que estaban jugando en el patio, vieron a Otilia triste y fueron y le preguntaron por qué estaba así.
Estaba así porque tenía que hacer el ebbó y no tenía con qué, respondió. Los muchachos le dijeron:
—Usted puede hacer ebbó con plumas y miel de abejas.
Este manifestó que no tenía plumas y no podía coger el gallo porque lo estaban vigilando. Entonces, los muchachos fueron a donde estaba el gallo y empezaron a jugar con él. Al mismo tiempo, le arrancaban las plumas. La gente que estaban vigilando a Otilia no se dieron cuenta de lo que hicieron los muchachos ni cómo le entregaron las plumas.
Cuando la vieron ya estaba haciendo ebbó, y se embarró la cara de miel; pero, al abrir el ebbó para echarle miel, vino el viento y le voló las plumas. Estas se le pegaron en la cabeza y la cara, cosa que provocó que el ebbó no le cerrara, y salió con él para botarlo.
Una vez en el lugar, lo puso en un espacio abierto donde aprovechar la oportunidad. Después se escondió detrás de una mata y escuchó lo que estaban hablando y cómo decían que ahora iban a humillarlo y a envenenarlo; pero ella se puso a reír: les había pasado por delante y no la habían visto porque tenía la cara tapada con plumas, y así pudo salvarse.
